sábado, 17 de noviembre de 2018

Inconmesurable.


Su recuerdo oculto,
anoréxica belleza
las calles enarenadas de soledad
un río que está seco
y sus peces fósiles de ausencias.

¿Por qué añorar un lugar que en su aridez sólo encierra vacío y monotonía?

Mi rancho es un motel de paso
donde los que han perdido todo
se quedan y trabajan
y los que han tenido todo, 
se quejan y se largan; 
porque los hombres no soportan el verano
y las nubes no condensan su caricia.

En mi rancho te enterregas los zapatos
y hasta el pensamiento si te dejas,
mi ranchito no es para cualquiera,
sino pieles fuertes inderretibles al sol
y bocas húmedas que no buscan corazón.

Te congela si no tienes suficiente candor
y te enceniza el alma si no conservas hielo en tu interior.

Lejos del invierno envenenado
y el verano mustio
que marchita a fuerza a los ajenos,
el recuerdo de la abuela me embiste,
pero ya no anda cojeando en la cocina

y las botas del abuelo ya no pisan los trigales;
lagunas de arena soledades humedecen
y el mezquite horripilante
da sombras para nadie,
porque a nadie necesita
sino a ésa, la que nunca viene
y cuando viene, lo rompe, lo tira y se va...
y las cachoras
trepan bardas hirvientes que no dan asco
y los matavenados que ya ni miedo,
mueren de humedad.


Infierno bendito
¡te han despojado las ciudades!
yo volveré a tu recuerdo

volveré siempre a tus caudales.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Ígneo.

Es el futuro lapidado
en mi manso desierto aniquilante:
desde la quietud aparentada
adoro tu presencia ímproba
limitándome a observarte
mientras te escucho

y luego el silencio
y la soledad
y la lejanía
y tu silencio
y mi soledad
me colman el llanto en sigilosos arroyos
y me seco sobre tu cuerpo
taladrándome las entrañas
trazándome tu figura
para alimentar este amor inaccesible
en las sequías venideras.

Y luego el olvido de quién soy
y la melancolía que habrá de perseguirme
hasta el último instante de mis días
y ese silencio tormentoso
me susurra que esta servilleta
que, aunque no usada, está arrugada
y significa lo mismo bajo tu lengua.

Delátate
permíteme vivirte
en mi soledad
en mi silencio
sin lejanía... contigo.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Enfriamiento.

Encendiste la señal de alarma:
"me voy al fin del mundo"
y esta vorágine insostenible
se congela entre besos
sentenciados a la soledad.

Este cuerpo paranoico
ha empezado la evacuación,
desocupa las pasiones
y el trayecto de tus yemas
por los versos que escondiste entre mis poros.

Te veo acariciarme el sentimiento
y callo
la retirada de mi delirio
que grita la perpetua muerte
del poema que lleva siglos
intentando nacer
y muere en la catástrofe
de nuestras vidas indecisas.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Café con leche.

Silencio
que no necesito nada
sino la basta inmensidad de tus brazos
que me cubren hasta el más terco pensamiento.

Silencio
déjame mirarte mientras hablas
grabar tus palabras en los recuerdos
pues de la mirada emanan los versos que te debo.

Silencio
pierdo los sueños por retener tu aliento
la luz me llama y en tus abismos me pierdo
todos los días pueden ser jueves
con una mordida de ecos a la soledad.

sábado, 8 de septiembre de 2018

La bestia de los cabellos dorados.

Entre sueños encontré una espalda que latía
unas garras que acarician
y exhalé su nombre:

bestia

bestia mustia
bestia dulce
árbol silenciosamente paciente
bestia benévola
cálida alma seductora

con los pocos inundados y aullidos silenciosos
la piel convulsiona ante su flagelo
entre labios que trituran
encendiendo llamaradas de un desierto seco
carbonizando el desamparo
con cicatrices en el cielo

pálida
transparente
con sus cabellos dorados
y su mugido de bestia
que se domaba a mis letras
a mis ganas
a mis llamas

amas

Lady blue.

No
no me beses de azul

te condenas
a caricias efímeras
a ilusiones fingidas

no me beses de Azul
luz roja turbulenta
siguiendo tus deseos
frente al lavabo nuestro reflejo
se agrieta.

Encontraste carne pútrida
y te alimentas
de sigilos correosos que indigestan.


-Azul índigo de cautela y sanación.

jueves, 6 de septiembre de 2018

Vendrás.

Tus manos llenas de poesía caricias más lejanas que la luna. Lluvias que no mojan, hay un tormenta en mi ventana; no es mía, no me moja parece que viene el viento sopla y sopla me provocas las ansias de ser mojada me nublas retiemblan truenos mis adentros me besas a centellas desapareces
quédome bañada en humedades no veo correr tus ríos no me has quitado las ganas.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Óleo de un hombre cobarde.

Detente.

Ve las olas agitarse,
siente la brisa
erizando la sensibilidad escondida en tu piel
sigue tu andar con cadencia
al son de un chiflido ochentero
y los gritos eufóricos de los hastiados:

Un mareo por nada
un azul profundo
una ola yo
una ola tú.

Entre la inmensidad de corrientes
infinitas costas
tu corriente chocó con la mía
y me dejé a tu trayecto
que no navega hacia mis mares.

Danzando con otras olas
voy a corrientes más claras
                                   y cálidas.
El tiempo es infinitamente caprichoso
y, como tú, me dice que sí
cuando, a través de un siglo de versos cobardes,
la verdad es que no.

Me adentro a los mares
esperando que lejos de las costas
no te vuelva a encontrar.+

El aire encapsulado
un abismo de espacios suspendidos
                                 en otras constelaciones
las burbujas delatan mi paso.

domingo, 15 de abril de 2018

Entumecimientos..

Atreverse.

Sufrir los calvarios 
los besos de limón
latigazos de la desesperación.

Respirar en la tardanza de sus manos en buscarme
sonreirle al mutilador encanto de sus besos
y caer 
en la tibieza
una pasión amontonada:
el beso de sus manos
tras sus largos brazos
que me situaban tan lejos de su alma.

Instante 1

Venir 
recoger mis pedazos en el único lugar en que me encuentro 
ver que ni yo, 
ni tú, 
ni la circunstancia 
pueden generar  amor;
que un insecto gordo abaniquea
alas desesperadas
si se afloja el ritmo
inminente es la caída;
se esfuerza tanto
y se mantiene frente a mí,
como la delgadez y calma 
un hombre perdido en un libro.

Me hallo aquí, 
en este lugar donde ni siquiera sé a dónde voy, 
si estoy perdida, 
ni para dónde gira el mundo 
o por dónde sale el sol;
es aquí donde estás tú
y des-afortunadamente
no estás.

Vuelvo la mirada hacia mi centro
y veo los bambúes cobijándome,
veo sus hojas caer,
y ellos siguen de pie
cubriéndome...
de mí
            de ti
                      del tiempo.

Las hojas llenas de rocío me recuerdan que no soy única
que somos muchas
y que entre más fresca y húmeda sea la noche
más acariciaremos las plantas de la tierra;
y florecerán,
no los Rocíos, 
sino ellas...

ellas que tienen más alcance
que tú y que yo en la vida.

domingo, 25 de febrero de 2018

Balboa park.

El vértigo,
el deseo de la caída
llevado al límite tangible
y darme cuenta que he muerto.

Renunciación/fatiga

Cansada de tus es que
y de tus luegos
del cariño a medias,
un trayecto lleno de pretextos
y de un índice que aniquila:
un látigo abriendo 
delgadas fisuras en la piel;
huesos que crujen de arrastrar
bola de hierro con grillete en la garganta.

No salió sangre de las heridas,
se salió el amor.

Te silencio.

martes, 16 de enero de 2018

Quietud.

Quieto ante la amenaza fatal
al ras de sus garras la conciencia 
el perro queda 

inmóvil

y la mente tan sucia piensa en su muerte
el deceso de alguien que no teme 
un pobre perro callejero
que no se espanta porque es amable

y tener las cuentas saldadas 
andar por la vida sin deudas
le permite tirarse en medio de la calle 
sin temeridad a una llanta
a una vara
a un jamón lleno de clavos
carne envenenada

o a un perro silvestre 
o a un perro domesticado para ser salvaje
                             la conciencia más limpia que una hoja de papel bond recién salida de la fábrica
no tiene la necesidad de moverse para salvarse
para evitar el golpe
para huirle a la muerte
porque si la muerte fuera quien entonces tocara su mejilla
o la pata o el hocico 
o las orejas
o el vientre entero de cualquier animal 
cualquier perro
gato
ave...

se iría tranquilo a sabiendas que ese era su destino
todo lo que había que dar a este universo

quietud

hay quietudes que no necesitan nada 
ni un aplauso
ni un cariño
hay quietudes que sólo son porque hay conciencias pacíficas
como el desierto.